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Por Rodolfo Salazar González

Sobre la conducta de los mexicanos existe una definición que me parece acertada, oportuna y válida; es la convicción generalizada de que en nuestro país no pasa nada. Es el único sitio en el mundo en el que no pasa nada y cuando algo pasa, inmediatamente es sepultado por el concepto de que ya pasó, y que por lo tanto no tiene importancia. Hemos ido creando a través del tiempo por nuestra peculiar idiosincrasia una serie de expresiones para poder manifestar este tema singular, de que en el país no pasa nada.

Tomamos siempre cualquier acontecimiento sea trágico o novedoso, como algo anecdótico, propio de nuestro temperamento, como una modalidad más de la forma en que el poder y el dinero se expresan siempre estrechamente relacionados sin distinguirse el uno del otro, por lo que afirmando que no pasa nada, estamos expresando nuestra impotencia para cambiar las cosas y seguir en la misma condición sin arriesgarla, porque lo único en que caeríamos es en la bancarrota de los que no tienen nada.

Este es un asunto sociológico en México, que aceptamos con resignación, que no existe capacidad para derrumbar la impunidad que socaba la confianza, que no hay quien la detenga, y que esta forma de corrupción generalizada, la aceptemos como una cosa natural, por que reconocemos que el dinero lo compra todo y que la corrupción es el estado normal.

Sin embargo, al parecer este fenómeno del no pasa nada, no parece ser tan solo una característica de la conducta nacional, sino que es también una forma de aceptar en el mundo con resignación, pero con mucho dolor, como en otras partes del planeta se matan unos a otros y aparecen en la televisión como si fuera una espectáculo militar. Acabo de leer un artículo que describe como un niño le dispara a otro, dejándolo sin vida, y después le pide que se levante, pasando por alto -es un niño- que yace inerte en el suelo, y que no accede a levantarse. El niño espera que suceda lo mismo como pasa en la televisión, donde el bueno mata a los malos, pero estos reaparecen con vida -el los ve nuevamente en la televisión- en otra serie donde el papel de ellos es el de asesinar y no el de ser asesinado, como el niño los vio la primera vez. Este es el grado de enajenación que la televisión induce a la niñez.

La globalización que vivimos es una estructura que solamente beneficia a los punteros del planeta y los condiciona para que en fracción de minutos olviden los dramas de la vida y entren en los estados aspiracional que representan la forma de vivir de los países imperiales, que son el ejemplo favorito de los globalizadores. La zanahoria que utilizan para acabar con la producción interna de todos los países, es llevarlos por medio de la televisión a que disfruten sin participar en el desarrollo, de la bonanza y el bienestar en que viven los países del primer mundo. La consecuencia de este fenómeno es que todo el planeta se convierte en consumidores de los países poderosos, que no dudan en aprovechar este episodio paradisiaco

que viven para apoderarse de las riquezas naturales que cada país tiene, como son los yacimientos de petróleo.

El ritmo de una ciudad o de un país debiera; ser, tengo la convicción, al ritmo del más lento. Solo así se puede asegurar que todos participen de la riqueza y de las bondades como se vive en los países desarrollados. Esto no sucede. El mundo solo ha tenido avances significativos en materia de información y de servicios financieros, pero en otros renglones, incluso en países que son usados como ejemplo de prosperidad, como sería China y la India, enormes sectores de la población viven casi en la edad de piedra. Volvemos entonces a la lamentable condición de que en el mundo, como en México no pasa nada.

Recuerdo que la información que más impactó a todo el mundo hace años fue la forma descarnada como se destruye gran parte de ese maravilloso país que es Líbano. Los israelitas, que durante mucho tiempo -la historia nos lo enseña- fueron las presas preferidas de los europeos, quienes practicaban con ellos una espantosa cacería durante siglos, quieren recuperar espacios en otras sociedades, de las ofensas y los crímenes que sufrieron en Auschwitz, donde salió tanta sangre israelita que se convirtió en un río que atraviesa todo el mundo y que en el medio oriente, merced a una conducta irracional, elimina con el apoyo de los Estados Unidos a los palestinos, libaneses, iraquís y afganis taños. El mundo se pregunta escandalizado ¿hasta cuándo se podrá seguir exterminando países impunemente? pero como en México, pareciera ser que la respuesta es la misma: No pasa nada.

El silencio criminal de las Naciones Unidas, es el mismo cuando los norteamericanos decretaron hace más de 40 años el Boicot económico contra la isla de Cuba. La casa blanca es quien decide, en lugar de las Naciones Unidas; este organismo internacional cuya razón de ser pareciera injustificable por su inactividad y complicidad ante los crímenes de lesa humanidad, que se cometen en el medio oriente, tiene en el consejo de -seguridad como rey absoluto al Tío Sam- quien tiene el poder del derecho de veto, que las Naciones Unidas tiene para detener a los países como Israel, que es insensibles cometiendo crímenes de mujeres, ancianos y niños.

La historia parece que se repite, cada día que vivimos por cada israelita que muere, caen 25 árabes sin vida en el suelo de su patria. ¿Quién nos puede decir que la vida un israelita es superior al derecho de los árabes? En esta época de globalización tiene más fuerza el derecho de la presión que el derecho mismo, vale más una descomunal ofensiva bélica con misiles nucleares que la voz inocente de los cientos de miles que caerán muertos por el efecto de las armas. No pasa nada. Parece ser también el juicio que se hacen todos los que frente del aparato de televisión ven como son privados de su vida los niños. Parece que se cumple la antigua máxima: Homo hominus lupus. Nos hemos convertidos en expertos de sacrificios humanos, y no nos escandalizamos, por que mañana la televisión nos ofrecerá un espectáculo más dramático donde lo que menos importa es que los actores y los lugares en donde se desarrolla la guerra y el sacrificio humano, sean reales.

Tenemos que seguir luchando, acabar con él, no pasa nada, darnos cuenta que las cosas si nos están afectando, que si está sucediendo algo grave en todo el mundo, por más que los punteros promotores de la impunidad y beneficiarios de ella, digan que no pasa nada.

E-mail.- notario177@msn.com

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