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Por José Ángel Solorio Martínez

¿Puede la ruta de la desaparición de Poderes, resolver los problemas sociopolíticos de Tamaulipas?
¿Es prudente y racional esa decisión de la mayoría en el Senado que busca gobernabilidad para transitar por los cambios fundamentales que necesita el país?
Hay que precisar algunos puntos para comprender el escenario tamaulipeco actual.
¿Existe una descomposición del Poder Legislativo tamaulipeco? No. Haiga sido como haiga sido, el espacio parlamentario está ocupado por un grupo de diputados que bien o mal, realizan sus labores en un entorno de pluralidad. Ahí coexisten, diputados del PRI, PAN, MORENA y otros partidos. Y que se sepa, este cuerpo colegiado no ha incurrido en vulneraciones graves a la Constitución. (Que sería una causal de su posible aniquilación y su posterior elección). Cierto: sus trabajo legislativo deja muchísimo que desear; pero no al grado de ser necesario su desmantelamiento).
¿Existe un Poder Judicial absolutamente inoperante, evidentemente corrupto que altere la existencia de su estructura impartidora de Justicia para los tamaulipecos?. No. En efecto: Magistrados y Jueces han ejercitado su autoridad con deficiencias más que evidentes. E incluso, en algunos casos –que afortunadamente no es la total mayoría– han emitido sentencias contra los intereses de gente desprotegida. (Han torcido la vara de la Justicia, o por monedas o por intereses de otro tipo; hay que recordar el caso del asesinato del periodista Domínguez, de Nuevo Laredo). La relativa mayoría de la red de impartir a cada quien lo que le corresponde, no se puede ni se debe encuadrar en ese marco.
Es decir: tanto el Poder Judicial como el Legislativo, están fuera de toda sospecha como para ser desaparecidos.
¿El Ejecutivo tamaulipeco, ha incurrido en violaciones a la Constitución local o de la república como para ser liquidado? No hasta el momento. Se adelantó el juicio de los Senadores de MORENA. Mucho. En todo caso, debieron recibir el resultado de las investigaciones que se están llevando a cabo por la masacre sumaria en Nuevo Laredo y luego plantear su propuesta a Comisiones en el Senado.
En concreto: Tamaulipas no tiene –al menos hasta el momento– condiciones de ingobernabilidad o de vacío de poder como para anunciar una discusión de la posible desaparición de Poderes.
¿Quién enredó la pita?
Indudablemente: el senador Ricardo Monreal. Hace unos días, el PAN planteó la desaparición de poderes en Veracruz. El zacatecano, replicó: vamos a responder con la desaparición de Poderes en Tamaulipas.
Falla grande.
No es esa, la ruta que la ética política recomienda
Puso en la mesa, como ya se ha dicho, las gubernaturas como monedas de cambio. Con ello, debilitó y deslegitimó la acción que ahora plantean sus propios senadores. Lejos de debilitar al gobernador tamaulipeco, lo vacunó, lo blindó.
No es la forma de desplegar la IV Transformación. No al menos como la está planteando Andrés Manuel López Obrador. (Él mismo vivió esa medida coercitiva del Estado: su desafuero, con ciertas diferencias, es equiparable a lo que hoy imaginan los senadores de MORENA).
Bajo ese planteamiento, la desaparición de Poderes, no pasará. (Pueden generarse otros escenarios, como la complicación de los casos de Nuevo Laredo; el del periodista y el de los ejecutados; la desaparición de Poderes, no se ve ni sensata ni viable, ni inteligente).
Algunos sectores morenistas se soban las manos por este escenario.
No es por ahí.
Una buena oposición, debe articularse desde acciones legítimas, y propias de la política. Pretender fortalecerse, por la injerencia de la Federación, no es ni sano ni plausible.
La respuesta, un tanto desproporcionada por el panismo tamaulipeco en defensa del Ejecutivo estatal, parece tan irracional como la embestida de MORENA.
No es para tanto.
El agua no llegará al río.
Lo que hay que hacer, es poner los ojos en el 2019.
MORENA, puede y debe continuar su trayecto de fortalecimiento.
Y el gobierno estatal, debe soltar los nocivos lastres que lo frenan. (Como el Procurador, y algunos jefes policiacos. Y recuperar la sensatez para trabajar hasta donde su ideología lo permita, en armonía con el gobierno federal).
Y que el mundo ruede.

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