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Por José Ángel Solorio Martínez

Lo más interesante del PRI en Tamaulipas, no es el resultado de su desangelada elección nacional interna, ni su desarticulada pugna por el CDE. Lo más relevante del ex invencible en la región, es ¿qué va a pasar con sus despojos?
Sí.
¿Qué ocurrirá con los restos del naufragio del priismo tamaulipeco?
Sin capacidad para disputar con éxito una sola de las alcaldías más importantes del estado; sin posibilidades de competir con expectativas por la gubernatura en el 2022; sin esperanza para hacer un papel digno en los comicios del 2021 y con un cuerpo desangrado por la tristeza y la mala fortuna, se percibe como un partido derrotado, acabado, anacrónico, reumático.
En suma: sin futuro inmediato sonriente.
Esa es la grande interrogante que campea en el escenario estatal. Los más de 300 mil votos que deja en el mercado electoral abierto el PRI, son un elemento que podría definir las elecciones del 2021 y del 2022.
Es evidente: ese universo de sufragios, se marcharán a buscar alianzas o mejores planes de futuro, con el PAN o con MORENA. Se infiere: ni el PRD ni el MC ni el PT, tienen capacidad de atracción para un priismo que aspira a la pelea real por el poder político en los ayuntamientos y en el Congreso local. El priismo vilipendiado, desplazado de las franjas de autoridad, se pondrá a la sombra de los dos mastodontes que en Tamaulipas representan opción verdadera de mando.
(Eso achica aún más el futuro de la chiquillada. Seguramente acopiarán escurrimientos, pero serán menores ante el imán que representan un panismo en el poder y un MORENA en ascenso contundente).
El más necesitado de los grupos priistas como aliados, es MORENA. Desarticulado como lo está actualmente, sin liderazgos potentes, sin idea de qué hacer en la región, es difícil que concrete éxitos en la reyerta del 2021 por alcaldías y diputaciones. Igualmente en la pelea por la gubernatura, sin la adhesión del priismo huérfano, será complicado que construya un triunfo que tanto le urge a la IV T en la comarca.
El panismo posee una estructura corporativa suficiente como para repetir en la gubernatura. A ello suma, la capacidad asimiladora del gobierno estatal que ha digerido a muchos cuadros del PRD y del PRI para sus proyectos. MORENA, con todo y la fuerza emergente que lleva en si, ha centrifugado a muchos grupos y personalidades de otros partidos que ha intentado sumarse al lopezobradorismo.
En parte, ese factor ha mantenido achicado a MORENA y a potenciado al panismo en la entidad. (Su militancia fundacional en actos de mezquindad y de torpeza políticas, han construido una organización impermeable y esclerótica que mantiene achaparrado un proyecto que debiera dar mejores resultados).
¿Cómo podría MORENA integrar expresiones políticas externas sin roces y sin conflictos?
Esa es, una estrategia que debe pulir su Consejo Estatal. ¿En qué condiciones y cómo, hacer alianzas, convenios, pactos, acuerdos, con el priismo? ¿Cómo se debe esculpir el bloque opositor potente y que requiere la alternancia?
El mayor grado de complicación del problema, lo tiene MORENA. Debe aprender a debatir al interior, permitir la emergencia de nuevos liderazgos, tejer nuevas estrategias político-electorales y cincelar un programa de gobierno alterno que aterrice la IV T en Tamaulipas.
El PAN, navega desde el poder con los problemas mínimos de un partido de su naturaleza.
No es una paradoja: el PRI moribundo, está en camino a definir en el 2021 y el 2022, el futuro del sistema político tamaulipeco.
300 mil votos son muchos, como para dejar que se diluyan.

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