UN DAIKIRI QUE SE TRANSFORMO EN ARGUMENTO

En memoria de Juan Jesús Aguilar, amigo y poeta admirable.

Por Rodolfo Salazar Gonzalez

En este mes se cumplieron 36 años de un viaje que hice a Cuba acompañado de Maricela; por esa razón traía en la cabeza el recuerdo de una bebida tropical deliciosa que se consume con generosidad cuando llega uno al aeropuerto de la Habana, donde las edecanes la ofrecen gratuitamente para que después el turista que visita la isla la siga consumiendo en el bar de su hotel o en algún lugar legendario como pudiera ser el «Floridita» o la «Bodeguita del Medio» que son los dos sitios donde se preparan con características de performance, éstas deliciosas bebidas tropicales que son en gran medida un símbolo de la vida nocturna cubana.

Daikirí. Así se llama la bebida que no podía recordar por alguna razón que sin duda tiene que ver con el acontecimiento que se desprendió al compartirla con un matrimonio compuesto por un hombre joven en aquel tiempo, que vivía en Baja California Sur, cuando no era un estado autónomo y que sentía inclinación, como en aquel entonces, el que escribe la tenía de participar en la política de su tierra natal.

Nos conocimos en el bar del hotel Nacional, donde nos hospedamos, él tomando siempre Daikirí. Esta pareja era un poco mayor que nosotros, ya que por aquellos tiempos estábamos muy jóvenes en comparación con este matrimonio bajacaliforniano que tenían una relación de varios años aparentemente estable y sólida.

Los acompañaba la mamá de la esposa, que era una señora con aspecto de «popofona» como me la describió Elva en aquella época. Era una norma pelear entre los tres, la madre y la hija contra el esposo. En el hotel nos acostumbramos a ser testigos fecuentes de las diatribas sin sentido, pero que desprendían un profundo e irreversible resentimiento por parte de las dos damas (madre e hija contra el esposo). Ahora que dicto éstas letras me parece que lo estoy viendo con mis ojos: Era un hombre alto, bien vestido, con un rolex de oro en su muñeca y un collar de oro en cuello del cual colgaba un cedro, símbolo característico que utilizan la personas que tienen vínculo con Líbano, o bien porqué son descendientes de libaneses, como era el caso de este compañero de viaje, con el que frecuentemente estuve reunido en el bar del hotel haciendo comentarios sobre política, porque tenía interés en participar, primero como diputado local y posteriormente tratar de llegar a ser el candidato del PRI al gobierno de Baja California Sur.

Ya se habían filtrado las versiones de que se iba a convertir a Baja California Sur en un estado para dejar de ser territorio y abrir la oportunidad de que un natural del estado lo gobernara y no como sucedía en ese entonces, que los gobernadores eran designados por el Presidente de la Republica, como fue el caso de Hugo Cervantes del Río, quién gobernaba la península y que la dejó para integrarse como secretario de la presidencia del gobierno de Luis Echeverría.

El caballero de origen libanés terminó confesándose conmigo una de las tantas veces que nos reuníamos para tomarnos una copa, en mi caso mojito, el siempre consumía daikirí, lo cual lo

ubicaba en un estado capaz de dejar salir los demonios que lo atormentaban. También me enseñó a jugar bagamonn, lo cual nunca lo aprendí del todo, como tampoco logré dominar el ajedrez en forma absoluta como mí amigo Pepe Kauachi, que era asediado por otro excelente ajedrecista el Doctor José Sáenz Canales para que le diera la revancha.

Me explicó que las diferencias con su suegra y su esposa eran de índole financiera, porque ellas querían, que la sociedad por -bienes separados- como se habían casado se cambiara por una de -bienes mancomunados-. Para conseguir esta condición legal la esposa de mi compañero de viaje se resistía a embarazarse. Lo cual irritaba al abogado libanés, porqué dentro de su cultura él aprendió de sus mayores una de la obligaciones que se deben de cumplir en forma ortodoxa es la de tener hijos para formar una familia completa.

Yo pensé en aquel entonces, que era una discusión sin importancia, uno más de los conflictos -pensé- que suelen darse entre gente con mucho dinero y que no alcanzan aun todavía por la brevedad de su vida la madurez que pone las cosas en su sitio, -así se trate del mismo dinero- para alcanzar la felicidad.

Sin embargo, había una cosa que era importante y que preocupaba a mi amigo libànes, sabía que su esposa estaba embarazada y que ella lo había amenazado con expulsar el bebé si no modificaba el régimen conyugal: «Lo hago por la criatura» escuché decir, que era el argumento que presentaba esta interesada mujer, que era producto de la manipulación de su madre, quién dirigía la ofensiva en este matrimonio para que el esposo cambiara el régimen legal en que se habían casado.

Al aterrizar en México nos despedimos, me informó que tenía parientes en Cd. Victoria. No nos dijimos adiós, si no, que nos prometimos a través de un abrazo fraternal vernos en el Distrito Federal, al que con frecuencia viajaba yo en esa época, para seguir intercambiando ideas sobre cuestiones políticas. En virtud de que la coincidencia nuestra en ésta materia había sido el factor de la espontanea amistad, desafortunadamente muy breve, que surgió entre este habitante de Baja California Sur y el que escribe estas letras.

El abrazo que nos dimos fue grato y sincero, pensé que había ganado un buen amigo.

Meses después hubo en escándalo en la capital del país: Había sido encontrado un cadáver en la cajuela de un lujoso Cadillac que fue reportado por estar abandonado en un solar baldío al norte del Distrito Federal. El cuerpo sin vida, estipularon los peritos forenses, mostraba signos de haber sido torturado antes de perder la vida. Se le habían extirpado lo ojos de las órbitas. Sádico fue el trato que recibió la victima antes de morir esta persona, que resultó ser mi compañero de viaje en la Habana hace más de 30 años y que soñaba con ser gobernador de su estado.

Los padres del finado desesperados por tan ingrato acontecimiento, no escatimaron recursos para encontrar al responsable de este crimen, contrataron investigadores especiales que eran coordinados por Rafael Ruíz Harrel, un criminólogo que empezaba a destacar en la medicina forense y que obtuvo resultados que impactaron a sociedad de Baja California Sur y al medio político nacional, porque él finado ostentaba ya el cargo de diputado local. Encontraron culpable a

la suegra del difunto, como autora intelectual, después la investigación llegó hasta la esposa, que se encontraba en Europa, en Madrid exactamente, acompañada con el gerente de las tiendas de ropa que tenía la familia de la víctima, gastando la fortuna que le habían robado a este amigo mío, que le tocó la mala suerte de encontrarse con un demonio con aspecto de mujer, que le hizo creer que el hijo del gerente era suyo.

E-mail.- notario177@hotmail.com

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