UN PERFIL BREVE SOBRE DON ALFONSO REYES

Por Rodolfo Salazar González

Carlos Fuentes escribió en sentido figurado que él aprendió a escribir en las rodillas de don Alfonso Reyes, cuando cursaba sus primeros estudios de bachillerato en Buenos Aires en donde Fuentes vivió parte de su juventud y la pasó en la Embajada Mexicana que representaba don Alfonso de manera probervial por su prestigio como escritor, poeta y periodista que había alcanzado en los aproximadamente 25 años que vivió primero en Francia y después en España.

Alfonso Reyes fue el primer enbajador del estado Mexicano que nuestro gobierno designo como su representante en ese importante país. Es en Argentina en donde Alfonso Reyes tiene el mayor fruto de su trabajo como maestro forjador de genios de la literatura universal. Jorge Luis Borges, que en ese momento se iniciaba como escritor, adoptó como preceptor a Don Alfonso Reyes, deslumbrado este ególatra Argentino por la sabiduría que Don Alfonso demostraba en su dominio sobre la cultura griega y su esplendido ensayo que editó sobre un estudio que realizó sobre los personajes de la «Iliada». Borges, junto con Adolfo Bioy Casares y Victoria Ocampo eran en ese tiempo la crema y nata de la intelectualiadad Argentina, sometieron la soberbia natural que caracteriza a los Argentinos, ante la prosa clara, consisa y profunda, con que Alfonso Reyes escribía sus poemas y esa importante colección de 25 tomos que está titulada como «La visión de Anáhuac».

La vida de Alfonso Reyes estaba estigmatizada por dos factores históricos que aún no han cicatrizado en la historia de nuestro país.

Su padre el general Bernardo Reyes formó parte del complot criminal que encabezaba Victoriano Huerta y que culminó con el magnicidio del apóstol de la democracia Don Francisco I. Madero. El general Bernardo Reyes murió en ese intento golpista que se conoce como la etapa más violenta que haya vivido el México contemporáneo. El hermano mayor de Don Alfonso Reyes, Rodolfo, convalidó a Victoriano Huerta aceptando ser el presidente del ministerio de justicia, Huerta invitó a Don Alfonso para que se hiciera cargo de la secretaría particular del Presidente de la República, que afortunadamente el recién abogado Reyes no aceptó de manera respetuosa, argumentando que prefiría realizar estudios en Europa partiendo a Francia con el cargo de Segundo Secretario de la Embajada Mexicana en ese país designado por Victoriano Huerta. Este acontecimiento, después del final que tuvo el golpe de estado del criminal Victoriano Huerta marcó a Don Alfonso para siempre, he infiero que una de las causas en las que apoyo su decisión de vivir por casi 30 años fuera de México, era porque en el fondo de su corazón tenía temor de que fuera cuestionado en su país por haber formado parte de un gobierno espurio y asesino.

La obra literaria de Alfonso Reyes es inmensa y alcanza un prestigio similar al que en el mundo de las letras tiene el autor de «En Busca Del Tiempo Perdido», Marcel Proust. Esta abarca temas de historia Universal, ensayos sobre los protagonistas de las etapas más importantes de la época napoleónica, incluído un texto en el cual por encima de los errores en los que napoleón incurrió, Alfonso Reyes destaca la Obra jurídica de su gobierno, el imperio que dominió y el honor que representa la etapa histórica que Napoleón cubrió en sus diferentes etapas en la que hubo luces y obscuridad. En especial hay un volumen sobre historia que considero es de un elevado valor pedadogico «La Historia de un Siglo», que es un texto que forma parte del sistema educativo para adquirir el grado de doctor en historia por el colegio de México.

Don Alfonso Reyes murió en 1959, radicaba en Cuernavaca, en dondé llegó a vivir por un padecemiento cardiaco que finalmente lo llevó a la inmortalidad. Entre su obra más importante considero valioso dar a conocer en esta colaboración los siguientes títulos: «Los Siete Sobres Deva», «Ultima Tule», «Tentativas y Orientaciones», «Romances y Afines», «A Lapiz Cortesia, Verdad y Mentira», «Arbol de Polvora» y muchos libros más de diversos géneros entre las que sobresale «Homero en Cuernavaca». Un libro de sonetos donde reinaba, decía Don Alfonso: un espiritu prosaico, burlesco, sentimental y ocio premeditado y bien disfrutado.

Formo parte de la generación «El Ateneo» en la qu también participaban generacionalmente Pedro Enriquez Hureña, Alvaro Matute, Antonio Caso, José Vasconcelos, Martín Luís Guzmán y un incipiente y travieso aprendiz de pintor que con el tiempo se convirtió en un ícono cultural mexicano que es multitudinariamente admirado en el mundo, me refiero a Diego Rivera. Para concluir también es importante destacar que la obra periodística de Alfonso Reyes se realizó concretamente en «El Sol de Madrid», periódico dirigido por el insigne José Ortega y Gasset. Todos estos artículos que le dieron el reconocimiento en Europa, a la postre Reyes los ordenó y retocó en una colección de gala para su publicación definitiva en un libro formal. Estamos en presencia de una obra que mezcla el periodismo, la historia y la literatura con distinguida sobriedad y armonía. Hizo Reyes famosa esta advertencia que como epígrafe encabezó sus obras completas: «Pero, ¿A quién le estoy predicando, si este libro no se dedica al sabio ni al necio, aquel porque no lo necesita, este por qué no ha de aprovecharlo? contigo hablo, hombre sencillo que sueles leer en el periódico las notas de un lector de libros recopiladas para tí. Tu siempre has querido saber lo que pasó ayer por la mañana. Y resulta que ya lo sabes ¿Que mal hay en recordarlo y comentarlo juntos»?

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